Zacán, Michoacán, 20 de febrero de 2026.- Poblaciones asentadas en las faldas del volcán Parhíkutin, como Angahuan y Zacán, han emergido, literalmente de entre las cenizas que lanzó el volcán Parhíkutin, tras su nacimiento, el 20 de febrero de 1943, las cuales, han conservado su identidad cultural, su artesanía y gastronomía, aspectos que son apreciados por todos
Veamos, las mujeres, principalmente, portan con orgullo sus atuendos característicos, muchos, elaborados por ellas mismas, el rollo de lana, el delantal, una blusa adornada con caprichosos dibujos a base de punto de cruz, un rebozo y huaraches, hace que resalte su porte y belleza natural.
A pesar de los daños causados por la erupción del volcán Parhíkutin, el 20 de febrero de 1943, principalmente al ganado y agricultura, zona devastada, donde el maíz y frijol, principal alimento de los purhépecha y que se cultivaba en la región, no crecía, por el diámetro de hasta uno y dos metros arena volcánica caliente que cayó durante la erupción.
Mientras que en su entorno, un gran mar de piedras incandescentes devoraba todo a su paso, lo sepultaba y lo atrapaba, es así como aquel poblado de San Juan de las Colchas y su iglesia, dedicada al Señor de los Milagros, fue prácticamente sepultada bajo toneladas de piedras; todos tuvieron que emigrar.
Por aquellos tiempos, los compositores de pireris, cantaban versos como ese que dice, “piedritas, que vienen rodando para ese pueblito del Parhíkutin. Las muchachas de Angahuan y también las de Zacán, deseaban tener ya marido, por temores al volcán”.
En abril de ese año, 1943, el poblado de Parhíkutin, queda sepultado para siempre, por toneladas de lava negra; San Juan Parangaricutiro o de las Colchas, aún se resistía a salir, pero la lava seguía su camino a 25 kilómetros por hora, todo lo devoraba y fundía; finalmente, el 10 de mayo de 1944, empieza el éxodo a un nuevo pueblo, en el ejido de Los Conejos o lo que ahora es Nuevo San Juan Parangaricutiro.
Atrás, aquel poblado fundado en el año de 1540 por Fray Juan de San Miguel, en medio de un mar de piedras calcinadas.
Unos 30 años después de la erupción, la zona es otra, la arena volcánica ha sido erosionada por la corriente de agua durante las lluvias y de nuevo han sembrado maíz y árboles, pero ahora con la novedad del aguacate, catalizador económico importante.
Las piedras volcánicas, parecieran que han tomado figuras caprichosas que son admiradas por los visitantes; la torre de la iglesia que emerge imponente de entre la lava, en el viejo San Juan de las Colchas, conocido así por las magníficas colchas elaboradas manualmente por las mujeres del pueblo, sólo algunas bardas de lo que fueron casas y cocinas se observan aún entre la maleza de lo que fue el poblado y lo que eran sus calles.
Paisajes de contrastes con lo negro de la lava, lo verde del bosque, el azul de las montañas y el gris del nublado en el cielo. Un verdadero paraíso; el aire puro y la comida tradicional junto a la lava, con el famoso Cachuy, frente a la iglesia del viejo San Juan, en lo que se conoce como las ruinas, es otra historia.
Por ambos poblados, existe camino para llegar a las ruinas, la lava y el volcán, de Angahuan, en caballo; Nuevo San Juan Parangaricutiro, en vehículo y desde Zacán, el camino más corto, solamente 25 minutos.
