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Cuando las emociones se confrontan.

TAREA DEL LUNES

Cuando las emociones chocan dentro de nosotros, como el amor y el odio, la alegría y la tristeza, no debemos verlas como enemigas que se disputan el control, sino como voces distintas que nos hablan desde rincones diferentes de nuestra experiencia.

A veces sentimos felicidad y, al mismo tiempo, una sombra de culpa o tristeza que parece empañar ese bienestar; sin embargo, ambas emociones son legítimas y nos muestran aspectos complementarios de nuestra vida. La alegría nos recuerda lo que hemos ganado, lo que nos nutre y nos conecta, mientras que la tristeza nos señala lo que aún duele o lo que hemos perdido. El odio puede revelar heridas o injusticias, y el amor nos invita a sanar y a construir.

El verdadero crecimiento emocional no consiste en elegir cuál emoción “merece” nuestra atención, sino en aprender a escucharlas todas y decidir desde cuál queremos actuar. Si dejamos que la tristeza o el odio dominen, la felicidad se nubla; pero si reconocemos su presencia y, aun así, elegimos caminar con la luz del amor y la alegría, entonces transformamos el conflicto en aprendizaje.

Así, la clave no está en negar la sombra, sino en permitir que la claridad guíe nuestros pasos. Imagina que tus emociones son instrumentos en una orquesta: la tristeza toca un violín melancólico, la alegría un tambor vibrante, el amor una flauta suave y el odio un trombón estridente. No puedes silenciarlos, pero sí decidir quién lleva la melodía principal. Y en el viaje de tu vida, conviene que esa melodía la guíen el amor y la alegría, mientras las demás acompañan sin apagar la música.

Bendecido lunes.

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