TAREA DEL LUNES.
Imagina que alguien te ofrece una cantidad estratosférica de dinero con una sola condición: no despertar al día siguiente. ¿Lo aceptarías? Probablemente no. Y en esa respuesta está la verdad más poderosa: un solo día de tu vida no tiene precio.
Sin embargo, muchas veces vivimos como si sí lo tuviera. Regalamos nuestro tiempo a la prisa, a la queja, a lo que no nos aporta, olvidando que cada día es una oportunidad única que no se repite. El tiempo no se guarda, no se recupera y no se compra.
Un día vale tanto como lo que decides hacer con él. Vale aprendizaje, conciencia, amor, crecimiento. Vale la posibilidad de avanzar, de cambiar, de convertirte en una mejor versión de ti mismo.
Cada amanecer es una nueva oportunidad para elegir distinto: para soltar lo que no suma, para agradecer lo que sí, y para actuar con intención. Cuando entiendes el valor real de un día, comienzas a vivir con mayor presencia y propósitoB
Si no entregarías tu vida por dinero, ¿por qué entregarías tus días a algo que no te hace crecer?
Hoy tienes un día más. Trátalo como lo que es: un regalo invaluable.
Bendecido lunes.
