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marzo 18, 2026
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DETENERME SIN SENTIR CULPA

Alberto Linero

Miércoles 18 de marzo de 2026

El profeta Elías, agotado y asustado, se sienta bajo una retama y le pide a Dios que se lo lleve, porque ya no puede más (1Re 19,4). Dios no le reprocha ni lo sermonea, lo deja dormir, le da pan, agua y le devuelve poco a poco la fuerza. El texto nos enseña que cuando el ánimo está por el suelo, Dios no exige heroísmos; cuida. También los salmos están llenos de gritos de desaliento: «¿Hasta cuándo, Señor?» (Sal 13). No son oraciones lindas; son súplicas desgarradas. Y ahí mismo, en medio del reclamo, aparece una confianza tímida, frágil, pero real. El ánimo vuelve poco a poco.

Jesús mismo conoce el cansancio del alma. En Getsemaní no disimula el miedo ni la angustia, «Padre, aleja de mí este cáliz» (Mt.26, 36) pero no huye. Se queda -aunque tiemble-. Esto es una forma de ánimo profundo: seguir confiando cuando las fuerzas no alcanzan. Pablo, por su parte, escribe desde la cárcel: «Estamos atribulados en todo, pero no aplastados» (2 Cor. 4,8). No niega el peso, pero afirma algo decisivo: el dolor no tiene la última palabra.

El ánimo cristiano no es negar la oscuridad, sino creer que no es definitiva. La Biblia no promete una vida sin caídas, promete que Dios permanece incluso con el ánimo caído. Cuando te falte el ánimo, haz como Elías: descansa; haz como los salmistas: habla con Dios sin adornos; haz como Jesús: confía, aunque duela; haz como Pablo: no te declares vencido por dentro. El ánimo, en la Biblia, no nace de la fuerza propia, sino de una certeza humilde y poderosa: Dios te sostiene.

ORO POR TI
Padre Dios, sé Tú fuente de ánimo para esta persona que me lee, hazle saber que no la defraudas. Amén.

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