Encontrando el equilibrio entre dar y ser
Es verdad que como padres, hermanos, hijos o parejas, dedicamos gran parte de nuestra energía a procurar el bienestar de quienes amamos. Nos desvivimos por complacer, cuidar, y proteger a los demás, encontrando en ello una fuente de satisfacción y propósito. Sin embargo, esta constante dedicación puede llevarnos a descuidar una pieza fundamental del rompecabezas: nosotros mismos.
En el afán de dar y cuidar, dejamos de vernos a nosotros mismos. Nuestras necesidades, sueños y anhelos quedan relegados a un segundo plano, como si no fueran tan importantes. Olvidamos que, al igual que aquellos a quienes cuidamos, también somos seres humanos con limitaciones, deseos, y la necesidad de nutrir nuestra propia existencia.
Si bien es cierto que llegamos a este mundo solos y, eventualmente, nos iremos de la misma forma, el tiempo que pasamos aquí está lleno de interacciones y conexiones profundas. Pero esas conexiones no deben hacernos olvidar nuestra individualidad. Mirarnos al espejo y preguntarnos: «¿Qué necesito para sentirme pleno y en paz?» no es egoísmo, es autocuidado. Reconocer nuestras emociones, aspiraciones y límites es esencial para vivir una vida equilibrada.
El equilibrio entre existir y dar radica en aprender a vernos como parte de esa ecuación. Mientras cuidamos y procuramos a los demás, no olvidemos cuidarnos a nosotros mismos. La clave está en recordar que solo cuando estamos bien con nosotros mismos podemos ofrecer lo mejor de nuestro amor a quienes nos rodean.
Espero que con esta reflexión, tengas un bendecido jueves.
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