Alberto Linero Sábado 22 de marzo de 2025
El agua nos enseña lo que con frecuencia olvidamos: fluir y adaptarnos, pero nunca desaparecer. La observamos abrirse paso, incluso, en la roca más dura, sin perder su fuerza ni su esencia. Nos recuerda que adaptarse no es rendirse y que fluir no significa perder el rumbo. Es un acto de resiliencia, de constancia y de sabiduría. En nuestra vida, a menudo nos encontramos con obstáculos que parecen infranqueables, como esas rocas sólidas que desafían el curso del agua.
Y es ahí donde tenemos que aprender a fluir, a no desgastarnos luchando contra lo que no podemos cambiar, sino a buscar nuevas formas, caminos alternativos y respuestas creativas. Pero fluir no significa resignarse; es moverse con firmeza, sin perder lo esencial de lo que somos. El agua también nos enseña una verdad que debemos atesorar: no nos pertenece. No heredamos el agua de nuestros ancestros, la estamos tomando prestada de nuestros hijos.
Así es también con la vida, con el tiempo y con las oportunidades que recibimos cada día. Todo lo que tenemos es un préstamo sagrado, un legado que estamos construyendo para las próximas generaciones. ¿Qué huella queremos dejar? ¿Cómo estamos cuidando lo que verdaderamente importa? Hoy te invito a ser como el agua: resiliente, constante y generoso. Cuida tu esencia, abre caminos donde parezca imposible y no olvides proteger lo que has recibido para entregarlo mejor a quienes vendrán después de ti.
ORO POR TI
Padre Dios, enséñanos a fluir como el agua, con resiliencia y amor, ayúdanos a cuidar lo que has puesto en nuestras manos. Amén.
TAREA DEL DÍA
Haz algo concreto hoy para cuidar el agua o la naturaleza.
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