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febrero 11, 2026
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Un descanso llamado “ahora”.

TAREA DEL MIÉRCOLES.

Carlos tenía veintitantos años y la sensación constante de llegar tarde a su propia vida.
Estudiaba por las mañanas, trabajaba por las tardes y por las noches su mente hacía horas extra.

Cuando el silencio aparecía, el pasado se colaba sin pedir permiso. Pensaba en decisiones que no tomó, en palabras que no dijo, en versiones de sí mismo que ya no existían. Esa tristeza no era ruidosa, era pesada. Se sentaba en el pecho y le repetía: si hubieras hecho las cosas distinto…. Y Carlos, sin darse cuenta, vivía allí, en lo que ya no podía cambiar.

Otros días, el pasado descansaba y era el futuro quien tomaba el control. ¿Y si no es suficiente? ¿Y si me equivoco de camino? ¿Y si todo este esfuerzo no sirve? La ansiedad le apretaba el cuerpo mientras la vida seguía ocurriendo. Estaba aquí, pero su mente ya estaba en mañana, en el mes que viene, en un miedo que todavía no existía.

Una noche, después de una jornada especialmente larga, Carlos se sentó en un banco camino a casa. No hizo nada especial. No buscó respuestas. Solo se sentó. Sintió el cansancio en las piernas, el aire fresco en la cara, el sonido lejano de la ciudad. Respiró. Una vez. Luego otra.

Y algo se acomodó.

No desaparecieron los recuerdos ni las preocupaciones, pero por un instante dejaron de mandar. Carlos se dio cuenta de que en ese momento no le faltaba nada. No estaba resolviendo su vida, pero estaba vivo. Ahí. Presente. Sin corregir el pasado. Sin adelantar el futuro.

Recordó una frase que había leído en una de las tareas del día:
“Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente.”

Y lo entendió, no con la cabeza, sino con el cuerpo. La paz no era ausencia de problemas, era presencia. Era estar donde estaban sus pies, donde estaba su respiración, donde estaba su vida ocurriendo ahora.

Carlos sonrió, cansado pero tranquilo. Mañana seguiría estudiando. Seguiría trabajando. Seguiría teniendo dudas. Pero en ese instante no necesitaba ser otro ni estar en otro tiempo.

Por primera vez en mucho tiempo, no estaba huyendo de lo que fue ni corriendo hacia lo que vendrá.
Estaba simplemente viviendo. Y eso, por fin, se sentía como paz.

Aquí y ahora.

Bendecido miércoles.

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