A 81 años del holocausto en Hiroshima

  • El relato humano de seis sobrevivientes

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URUAPAN, Michoacán, 6 de agosto de 2026.- El escritor y periodista estadounidense, John Richard Hershey (1914-1993), da cuenta de seis testimonios de sobrevivientes del holocausto causado por la bomba atómica en Hiroshima, Japón, la mañana de aquel lunes 6 de agosto de 1945, hace 81 años, donde la ciudad fue devastada y hubo miles de víctimas. Con ello, fue el fin de la segunda guerra mundial, al rendirse Japón.

Muchas son las historias de Hiroshima y Nagasaki. Lo cierto es que la primera de ellas, quedó prácticamente arrasada, que hubo más de 66 personas fallecidas en el mismo momento de la explosión y miles más, en los siguientes meses, por quemaduras y la radiación.

Y ese fue el costo de la victoria de Churchill, de Inglaterra; Truman de Estados Unidos de Norteamérica y de Stalin, de Rusia, el fin de la segunda guerra mundial, que trajo muerte y destrucción. Japón se rendiría el 2 de septiembre de ese mismo año de 1945.

Este es un trabajo periodístico en donde recopilamos material de los seis testimonios del autor, intitulado, HIROSHIMA, que fuera publicado en la edición del 31 de agosto de 1946, en el diario The New Yorker. La finalidad, es meramente informativo y presentación del proyecto de Periodismo Inmersivo, por parte de la Universidad Michoacana.

Pero para conocer los testimonios de los seis sobrevivientes, dos reverendos, dos doctores, una viuda y una empleada de una fábrica, en Hiroshima, es necesario conocer un poco del autor y cómo inició este trabajo de una técnica narrativa de ficción, pero adaptada al reportaje periodístico.

Este trabajo periodístico, se dio cuando John Hershey fue enviado como corresponsal a Japón, para cubrir la información sobre la reconstrucción del devastado país, entre 1945 y 1946. En Hiroshima, encontró un documento escrito del misionero alemán, Wilhelm Kleinsorge, de 38 años de edad, de la Compañía de Jesús, que vivía en la Misión Noboricho.

En dicho documento, describía la forma en que sobrevivió tras el lanzamiento de la bomba atómica; el autor, fue a visitarlo, lo entrevistó y, además, le presentó otros sobrevivientes.

¿Por qué ocurren los hechos?

Durante la segunda guerra mundial, los países aliados, Inglaterra, Estados Unidos de Norteamérica y Rusia, acordaron lanza la bomba atómica sobre Hiroshima, Japón. La elección se hizo, por la importancia militar e industrial.

El lunes 6 de agosto de 1945, a las 08:15 hora de Japón, la bombra, denominada “Little Boy”, Niño Pequeño, fue lanzada desde el bombardero B-29, la detonación provocó una inmensa bola de fuego, una onda de choque devastador y una radiación extrema.

El 9 de agosto, a las 11:02 horas de Japón, otra bomba atómica caería sobre Nagasaki, el 9 del mismo mes de agosto, con los mismos efectos, devastación.

Finalmente, Japón se rendiría el 2 de septiembre de 1945.

Bien, de la entrevista con el misionero jesuita, Wilhelm, el autor señala que ese fatídico día lunes, se había levantado temprano, a las seis de la mañana, se dirigió a la capilla de la Misión Naboricho, para ofrecer misa, poco después sonó la sirena de alerta y se encaminó a su habitación.

Desayunó, junto con otros misioneros, conversaron, y se disponía a leer una revista cuando sobrevino un resplandor, una bomba nos ha caído encima, pensó, segundos después, perdió la conciencia; nunca supo cómo salió del inmueble.

Agrega el autor que el misionero al volver en sí, se encontraba deambulando, en ropa interior por los jardines de la misión; sangrando. A su alrededor, todo destruido, menos el convento. Ese día se había oscurecido. El ama de llaves había salido espantada y exclamó, “Jesús, nuestro señor, ten piedad de nosotros”.

Este fue el primer testimonio de seis, recopilados por el narrador. Del resto, trataré de sintetizar a solo lo más relevante de cada uno, de esos pequeños factores de suerte para sobrevivir y ver más muertes de las que nunca pensarían verían.

Kiyoshi Tanimoto, reverendo. Pastor de la iglesia metodista, revela que esa mañana, vio en el cielo, un resplandor tremendo, como un haz de sol; se tiró al suelo entre dos grandes rocas del jardín, cayó bocabajo, cuando sintió una presión, luego le caerían encima, astillas y trozos de tablas, así como fragmentos de teja y tablas.

Agrega que no recuerda nada, solamente un resplandor y una explosión. Levantó la cabeza y vio una nube de polvo, como una especie de crepúsculo; el día se hizo más y más oscuro.

Otro testigo, Hatsuyo Nakamura, una viuda de un sastre llamado Isawa, reclutado y fallecido en combate en Singapur. Madre de tres hijos, de 10, 8 y 5 años de edad. A las siete de la mañana, escuchó el ulular de la sirena, se levantó y observó por la ventana a su vecino derribar unas tablas.

En eso, todo brilló, con el blanco más blanco que jamás hubiera visto, narraría al entrevistador. De inmediato se dirigió hacia sus hijos, trozos de madera le llovían encima y todo se volvió oscuro; quedó sepultada, tras liberarse y lograr levantarse, escuchó a sus hijos pedir auxilio. No veía nada, pero finalmente los rescató de entre los escombros.

El doctor Masakazu Fujii, se levantó a las 06:30 horas, llevó a un amigo a la estación y regresó a las siete. Desayunó y en eso empezó a escuchar las alarmas, cuando se disponía a leer el diario, en la clínica privada, donde había solamente dos pacientes.

Poco después de las ocho, vio el resplandor, asustado se levantó de la silla, vio al hospital inclinarse y caer; él, fue lanzado, sacudido, volteado, zarandeado y estrujado. Perdió la noción de todo; había quedado atrapado entre dos vigas, sumergido en el agua del río, pero sobrevivió.

Terufumi Sasaki, cirujano de la Cruz Roja. Despertó más temprano que de costumbre; tomó el tren para ir al hospital, distante dos horas. Había tomado el tren antes del que abordaba normalmente a diario. Llegó a las 07:40 horas al hospital.

Estaba en el primer piso, caminaba por un pasillo con una muestra de sangre, al pasar junto a una ventana, sobrevino el resplandor, un reflejo como flash fotográfico gigante; se arrodilló y exclamó “Se Valiente”. Sus lentes volaron, al igual que sus sandalias; había confusión.

El techo cayó sobre pacientes, sangre y gritos, otros corrían y varios yacían sin vida. No alcanzaba a atender a los lesionados y afuera, llegaban más a la Cruz Roja.

Finalmente, Toshiko Sesaki, empleada de la fábrica oriental de estaño. A las siete de la mañana, salió de su casa, rumbo a la fábrica, un trayecto de 45 minutos. En su oficina, sentada al escritorio, frente a una estantería de libros de la biblioteca de la fábrica, se aprestaba a conversar con una compañera de al lado.

Apenas giró la cabeza, cuando la oficina se llenó de una luz cegadora, que la paralizó de miedo; quedó paralizada en la silla, por un momento; todo se desplomó y perdió la conciencia; el techo se derrumbó y la estantería volcó hacia donde ella estaba, quedando aplastado por los libros.

Como pudo, logró ponerse a salvo, quitándose de encima polvo, libros, madera y astillas, pero sobrevivió.

Hasta aquí, un resumen del trabajo HIROSHIMA, elaborado por John Hershey, posterior a la bomba atómica y que fue publicado el 31 de agosto de 1946, en The New Yorker.

El autor de este trabajo, regresaría a Hiroshima, en el año de 1985, es decir, 39 años después y escribió otro reportaje, ahora intitulado: HIROSHIMA: La Consecuencia.
Recopiló: L.C.C. Lamberto Hernández Méndez

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