Por Francisco Frederick Zambrano Contreras
Noticias 469 Pénjamo
Michoacán, México, 19 de junio de 2026.- Hay hijos e hijas que están más preocupados por saber quién se quedará con una casa o un terreno que por acompañar a sus padres en la etapa más difícil de sus vidas: la vejez y la soledad.
Cuando uno muere no se lleva absolutamente nada, ni siquiera los zapatos que trae puestos. Lo único que queda son las acciones, el amor que se dio y el tiempo que se compartió con quienes nos dieron la vida.
Qué triste es ver a quienes están ansiosos por quedarse con los bienes de sus padres, pero no tienen la voluntad de hacerles compañía, de cuidarlos o simplemente de estar presentes cuando más los necesitan.
No tiene sentido pelear por una casa mientras una madre vive sola necesitando cariño, compañía y apoyo. Los bienes materiales tarde o temprano se quedan aquí; el arrepentimiento por no haber estado para nuestros padres puede durar toda la vida.
La verdadera herencia no es una propiedad, sino la tranquilidad de haber cumplido como hijo o hija. Y para quienes actúan con egoísmo, la justicia de Dios siempre llega, porque Él conoce las intenciones de cada corazón.
«No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosechará lo que haya sembrado.» — Gálatas 6:7
Porque ayudar a los padres por amor es una bendición, pero hacerlo por interés esperando recibir más que los demás tarde o temprano muestra las verdaderas intenciones del corazón. Las propiedades se quedan en esta tierra, pero las acciones y la conciencia acompañan a cada persona toda la vida. Dios conoce lo que hay en cada corazón y su justicia nunca se equivoca.
