Crónicas de Ri
(Mil amores)
¡PINCHE VIEJILLO, YA SE SIENTE EL PATRÓN¡ decían las empleadas de la cocina económica mientras veían como Panchito Campos se atragantaba con la quesadilla de chicharrón que momentos antes amorosa le diera la dueña del local, ¡haaaaa, cosita¡ decía mientras contemplaba al longevo policía que relamiéndose los blancos bigotes ya le echaba un vistazo a los otros guisados, “dame una de rajas” ordenaba a la sumisa damisela que acataba con inmediatez la orden; todo era perfecto, parecía que nada podría opacar ese momento, Panchillo se sentía y era dueño de la situación, pero todo lo que empieza acaba, pues justo en ese momento el autor de este relato fue atraído por el aroma de la comida terracalenteña, por lo que me dirigí al establecimiento culinario donde me encontré de frente al anciano Policía que pareciera ser que vio al mismísimo demonio y como tal corrió al fondo del local… “Que pasó Francisco”, le pregunté sorprendido ante la sospechosa actitud, “nada nada, aquí nomas, vine por comida para los compañeros de la guardia” respondió con voz temblorosa mientras se enfilaba a toda prisa hacia la salida. En realidad no le di importancia a ese hecho, sin embargo apenas Panchillo abandonó el establecimiento, la dama se me acercó e insistente preguntó, oiga, usted conoce a Francisco Campos? Ha sí, respondí, es mi compañero, entonces el cuestionamiento siguió, y sabe usted si tiene pareja? Sale con alguien? y como es el? a que dedica el tiempo libre, es que es un ladrón, que me ha robado todo… que eso no es una canción? Pregunte, la respuesta salió sin pensarla siquiera, no lo sé, pero si así fuera es porque Francisco ha escrito esas notas en mi corazón. Sobra decir que mi sorpresa fue mayúscula, tanto que aun no logro entender como Panchito Campos estando tan viejarro le mueva el tapete a la dueña de ese changarro, pues nunca imagine que Panchillo cambiaría el futbol por el deporte… del AMOR.
