(Cuando el respeto sustituye al miedo)
Crónicas de Rí.

Por José Alberto Coronel Fierros.
En un México donde la credibilidad de las policías está por los suelos, transitar por nuestras carreteras y calles se ha convertido en un ejercicio de constante desconfianza a lo largo y ancho del territorio nacional, sin importar si portan el uniforme Municipal, Estatal o Federal, las corporaciones suelen ser señaladas bajo el mismo trinomio sombrío; incapacidad, corrupción y abuso de autoridad, las de carácter local son, quizás, las que cargan con el estigma más pesado de inoperancia. Sin embargo, la vida siempre guarda sorpresas que nos recuerdan que las generalizaciones suelen ser injustas y que, en rincones insospechados, la dignidad aún se resiste a morir.
A principios del 2025 tuve la fortuna de presenciar un fenómeno que hoy en día parece un mundo irreal, una estampa de otros tiempos que evoca la nostalgia de cuando la autoridad era sinónimo de amparo, fue simplemente increíble observar cómo los ciudadanos (adultos, mujeres y niños) saludaban con genuino afecto y respeto a su policía local al verla pasar, parecía una fantasía, y más por tratarse de un municipio aledaño a Zamora, una de las regiones más golpeadas por la violencia en el país.
Pero ¿Por qué ocurre este milagro aislado?, la respuesta no es fortuita; en más de una conversación informal con los mandos de la corporación, pude entender que ahí la seguridad pública se entiende desde la empatía y la proximidad, bajo la directriz del alcalde Arturo Hernández Vázquez, la frase “al servicio de la ciudadanía” ha dejado de ser un simple eslogan para convertirse en una norma de vida.
Bajo esta perspectiva, la viabilidad de las políticas públicas en materia de seguridad está supeditada al desempeño operativo en el terreno; actualmente, la corporación operativa se encuentra bajo el mando del director Víctor Miguel Carrasco y del subdirector Pedro Sebastián Ortiz. De acuerdo con los lineamientos oficiales de la institución, la directiva busca orientar el esquema de vigilancia hacia un modelo de cercanía ciudadana y proximidad social, los cuales han sido definidos como los ejes rectores de la corporación.
Como muestra de esta filosofía institucional, el modelo se fundamenta en un esquema de verdadera proximidad social, en el cual el arresto se consolida como el último recurso operativo y no como la primera opción de intervención. Las fuerzas del orden no actúan bajo una lógica punitiva o de amedrentamiento, sino que orientan sus esfuerzos a exhortar a la ciudadanía de manera asertiva a mantener la paz pública, privilegiando en todo momento el diálogo y el bienestar comunitario; en ese sentido esta estrategia trasciende la mera disuasión mediante la ejecución de un sólido programa de prevención del delito, implementado de forma estructurada en planteles de educación primaria, secundaria y media superior.
Con estas líneas no pretendo rendir pleitesía ciega al alcalde y directivos de esa corporación, sino rescatar la nostalgia de los valores perdidos y destacar que, cuando se anteponen los intereses de la gente a los colores partidistas, el que verdaderamente gana es el gobernado; en este caso, los habitantes de Tangancícuaro, Michoacán, donde la policía municipal nos recuerda que la seguridad no se compra con recursos extraordinarios, sino que se labra con el corazón y la entrega, un auténtico faro de sobriedad profesional que dignifica, con silencioso orgullo, un oficio tantas veces ultrajado, demostrando que el orden no se construye con el miedo, sino devolviéndole a la sociedad la paz de saberse protegida.
