Así soy.
“Así soy”. Dos palabras tan humanas como peligrosas cuando las utilizamos para justificar aquello que hacemos mal.
Así soy de enojón. Así soy de frío. Así soy de impulsivo. Así hablo. Así reacciono. Así tomo mis decisiones.
Y pareciera que con decirlo todo queda explicado y, peor aún, justificado.
Pero ser de determinada manera no nos da derecho a lastimar a los demás. Nuestra personalidad puede explicar una reacción, pero no necesariamente la disculpa.
Desde pequeños aprendimos que nuestra libertad encuentra límites frente a la libertad y la dignidad de los otros. Por eso, el “así soy” no puede convertirse en una puerta abierta para decir, hacer o decidir cualquier cosa sin considerar cómo repercute en quienes nos rodean.
Además, hay algo profundamente humano que a veces olvidamos: podemos cambiar.
Podemos reconocer nuestros errores, modificar conductas, aprender a hablar distinto, controlar impulsos, pedir perdón y procurar no repetir aquello que sabemos que lastima.
Quizá entonces debamos cambiar dos palabras por algunas más:
“Sí, así soy… pero estoy trabajando en mí.”
Así soy, pero puedo escuchar.
Así soy, pero puedo corregirme.
Así soy, pero puedo aprender.
Así soy, pero puedo ser mejor.
Porque aceptar quiénes somos es importante; utilizarlo como excusa para no crecer es otra cosa.
Tarea del día:
Hoy, cuando estés a punto de justificar una conducta diciendo “así soy”, detente un instante y pregúntate:
¿Esto forma parte de quien soy… o es algo de mí que todavía puedo mejorar?
Bendecido martes
