TAREA DEL MIÉRCOLES
“Los corazones fuertes son los que se mantienen amables aún cuando han sido rotos . Ellos perdonan no porque olvidan sino porque saben que la paz interior es más importante que el orgullo”.
Se desprende, de esta hermosa y anónima reflexión, que existe una fortaleza silenciosa. No se impone, no presume ni busca reconocimiento. Es la fortaleza de quienes, incluso después de haber sido profundamente heridos por la vida, conservan la capacidad de actuar con amabilidad.
Cuando un corazón se rompe, es natural levantar barreras, desarrollar desconfianza y responder al dolor con dureza. Sin embargo, algunas personas optan por un camino más complejo y, al mismo tiempo, más noble: no permiten que sus heridas determinen su identidad. Continúan ofreciendo respeto, comprensión y bondad, no porque hayan estado exentas de sufrimiento, sino porque han comprendido que el dolor no necesariamente debe transformarse en amargura.
Perdonar tampoco implica justificar lo sucedido ni borrar el pasado. Significa liberarse de una carga que, con frecuencia, termina perjudicando más a quien la lleva que a quien la causó. El perdón constituye, en muchas ocasiones, un acto de amor propio. Es la decisión consciente de no permanecer atado al resentimiento.
Los corazones verdaderamente fuertes comprenden que la paz interior tiene un valor superior a cualquier deseo de tener la razón, saldar una deuda emocional o alimentar el orgullo. Han aprendido que sanar no consiste en olvidar lo vivido, sino en recordarlo sin permitir que la herida continúe gobernando la existencia.
Quizá por ello las personas más sabias no son aquellas que nunca se quebraron, sino aquellas que, después de hacerlo, encontraron la manera de reconstruirse sin perder su humanidad.
Bendecido miércoles.
